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lunes, 26 de diciembre de 2011

La vida es un intervalo, una herida, un regalo; un beso con veneno, un rato bueno y otro malo. Y la única verdad está en los ojos del que mira, en las manos del que toca y en las bocas que respiran. Y así vivo sin prisa, entre llantos y sonrisas; yo no sé vivir, soy un poeta que improvisa, y la única premisa que yo tengo como cierta es que en este suelo fértil tú recoges lo que siembras. Y, si el ánimo del ánima está anémico, a veces las lágrimas son los mejores médicos. Yo como ves, aún me visto por los pies, mi corazón es el que manda sobre mí y no al revés. Yo, sueño despierto que es como mejor se sueña, ya no reniego de lo que la vida enseña, mi alma no se empeña a pesar de lo vivido. Nunca me gustó hacer leña del árbol caído pero yo suelo caminar contracorriente por el suelo de las calles de los miedos obedientes, solo entre la gente valiente               entre cobardes, con la cabeza fría mientras el corazón arde.

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