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lunes, 9 de abril de 2012
Todos tenemos momentos malos, esos momentos en los que ni siquiera tus amigos te consiguen animar, en los que por mas que lo intentemos no podemos disimular que estamos bien. En esos momentos en los que ni siquiera te sale una sonrisa, no consigues reír ni con tus mejores recuerdos. Esos días en los que no quieres ni levantarte de la cama. Esos días en los que solo consigues dar pena y prefieres quedarte en casa, sin que nadie te moleste, sin que nadie se entere de como estas. Es como los días de tormenta que no sales de casa para no mojarte, pero en vez de ese motivo te quedas en casa por esa necesidad de que se te pase "ese mal día". El problema viene cuando no es solo un día, sino que día tras día sientes que la vida que te ha tocado vivir no merece la pena, que nadie a los que has querido te corresponde, ni tus amigos ni tus familiares te hacen caso y sientes que ya no tienes nada por lo que seguir viviendo. Entonces es cuando las nubes negras parecen que se van y empiezan a salir pequeños rayos de sol. Los malos días se han acabado y empiezas a reír y piensas que ya no volverás a sentirte igual. Pero los malos días como se fueron, volverán.
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